La Llamada de La Cruz Santa

Reaper El Chivo

 

     La   escritura: ese maravilloso arte que nos caracteriza como especie y que marca el inicio de nuestra propia historia. No sin dificultades ha sobrevivido a largos siglos de constantes cambios, evolucionado a diferente ritmo y de distinta manera en cada rincón del mundo.
     No es de sorprender, que aquello que comenzó como un simple método de contabilidad palacial, no tardara en enraizar en lo más profundo de la mente y el corazón del hombre, preservándose para el futuro un legado de valor incalculable y trasmitiendo la concepción del entorno, la vida y la muerte de las extintas civilizaciones que hollaron la Tierra antes que nosotros.
     Para pena de muchos, ilustrados o aficionados, se ha perdido la mayor parte de este riquísimo legado, dejando al presente sólo las reminiscencias de lo más importante creado por el imaginario colectivo de la Antigüedad.
     Empero, en pleno siglo XXI, en el súmmum de la globalización y aunque océanos y continentes separen a escritor de lector, cualquier persona puede ofrecer a otra una pequeña o gran parte de sí mismo, luchar contra ese fantasma que aterra a todo artista y que recibe el apodo de Anonimato.
     Es gracias a los mares del mundo binario que muchos nombres han escapado a las garras de este espectro. Se ha transformado así la escritura en una nueva ola que, colosal e imparable, no se sabe a dónde va a llegar o en qué va a parar.
     Son incontables los que intentan que se clame su nombre, muchos los que se esfuerzan, demasiados los que se pierden y sólo unos pocos los que lo consiguen.
     Mas, una vez el escritor oye La Llamada nada puede hacer. Su destino se ha sellado y sus manos a una de las Musas encadenado.


Versos a Calíope